¿Qué diferencias hay entre predicar y proclamar? Esta sesión brinda la oportunidad de explorar estas nociones en forma bíblica y práctica al hacer que se animen mutuamente a desarrollar y perfeccionar las habilidades de comunicación verbal —ya sea para la conversación interpersonal o para la prédica— en total sumisión al poder del Espíritu Santo.

LA SESIÓN EN POCAS PALABRAS

La tarea del evangelista consiste en verbalizar el evangelio tal como está revelado en la Santa Palabra de Dios mediante el poder del Espíritu.

TRASFONDO DE LA SESIÓN

Según la tradición, San Francisco de Asís una vez dijo:

‘Predica el evangelio en todo momento y, si es necesario, usa palabras.’

Esta es una cita popular para ilustrar la importancia de vivir una vida marcada por el evangelio. Sin embargo, tiene dos problemas. En primer lugar, no hay verdadero registro de que San Francisco, en efecto, la haya pronunciado…al menos, nunca la escribió. En segundo lugar, y más importante, la afirmación simplemente no se sostiene como una declaración. Si bien es cierto que nuestra vida debería demostrar las buenas noticias del reino de Dios igual que nuestra voz, la predicación del evangelio es, por estricta definición, un proceso basado en palabras. Con un sentido más útil, la frase podría reformularse de la siguiente manera:

‘Predica el evangelio en todo momento y, como es necesario, usa palabras.’

Los vocablos predicar y proclamar se relacionan de lleno con la palabra hablada, son declaraciones verbales. Bien puedes llevar una vida perfectamente basada en el evangelio, pero si nunca pronuncias la esperanza que tienes en Jesús, ¿cómo conocerá el mundo la razón por la cual vives de esa manera?

‘Es un error permanecer en silencio y dejar que los demás interpreten nuestras acciones; ni siquiera Dios lo hizo así. Los puntos cruciales de la acción redentora de Dios en la historia van acompañados de revelación verbal.’

WILL METZGER

Según se registra en el Nuevo Testamento (Hechos 2:14), la predicación fue un instrumento esencial para la expansión del evangelio. Sin embargo, hoy en día hay quienes creen que predicar es algo anticuado y ya no resulta la mejor forma de comunicar el evangelio al mundo. Sin duda, queremos ser creativos en nuestra forma de predicar y cautivantes en nuestra manera de comunicar (tal vez explorando otras vías de comunicación, como la producción audiovisual o la composición musical), pero la Biblia insta a los evangelistas a mantener la predicación como el elemento central de la tarea de comunicar el evangelio, de modo que ayude a los oyentes tanto a comprender el mensaje como a tener la oportunidad de responder a la invitación de aceptar el señorío de Cristo (1 Corintios 1:21; 2 Timoteo 4:1-2, Marcos 1:17; Lucas 9:23).

No todos los creyentes están llamados a ser evangelistas «de campaña». Para la mayoría de los creyentes, el evangelismo y el testimonio personal se asimilan a las conversaciones interpersonales, y esa pasa a ser la principal forma de verbalizar o «proclamar» el evangelio a los demás.

De cualquier modo, siempre debemos recordar que las palabras, aunque sean vitales en el evangelismo, por sí solas no bastan. Las palabras que brotan de una vida donde falta sumisión sonarán huecas e hipócritas, y las que estén separadas del poder del Espíritu de Dios carecerán del poder de Dios que trae salvación a todos los que creen (Romanos 1:16).

Con esto en mente, el evangelismo debe abarcar tres componentes:

Proclamación: Mediante la cual explicamos quién es Jesús.

Demostración: Mediante la cual demostramos quién es Jesús.

Invitación: Mediante la cual brindamos la oportunidad de confiar en quién es Jesús.

GUÍA DE LA SESIÓN


PARA REPASAR (10–20 minutos)

Dediquen un tiempo para ponerse al día unos con otros: compartan historias, palabras de ánimo, respuestas ante oportunidades y todo lo que sirva de aliento para el grupo.

Pídele a uno o dos voluntarios que compartan su presentación del evangelio (ver Aplicación en la Sesión Tres) y aporta tus apreciaciones a modo de devolución. ¡Recuerda ser optimista!

ORACIÓN

Encomienden este tiempo al Señor y oren por cualquier situación positiva o desafiante que se destaque en el tiempo de repaso.

ENSEÑANZA (20–30 minutos)

Utiliza el siguiente material didáctico como prefieras, ya sea leyéndolo textualmente o reelaborándolo para armar tu propia presentación.

‘Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo». Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique? ¿Y quién predicará sin ser enviado? Así está escrito: «¡Qué hermoso es recibir al mensajero que trae buenas nuevas!.’

ROMANOS 10:9, 13–15

En la Biblia se habla mucho de la proclamación: hay al menos 33 palabras griegas que suelen traducirse con el sentido de «predicar» o «proclamar». En este pasaje de Romanos, vemos que Pablo usa el verbo predicar para referirse a comunicar las buenas noticias. Para Pablo, la predicación es de vital importancia, y le dice a Timoteo que la mantenga como una prioridad en su ministerio (2 Timoteo 4:1-2). El día de Pentecostés (Hechos 2), encontramos un ejemplo de cómo Dios elige utilizar la predicación para hacer que la gente ponga su fe en Él: miles de personas fueron salvas no tan solo al presenciar señales y maravillas sobrenaturales (lenguas de fuego, hablar en otros idiomas), sino por escuchar la proclamación de Pedro llena del Espíritu.

La palabra griega de la cual deriva evangelismo significa, en esencia, «proclamar las buenas noticias»; es una actividad de naturaleza verbal. Sin embargo, en la cultura actual, la predicación se puede percibir como algo un poco anticuado, y muchos prefieren métodos como el evangelismo «personal» o «de amistad», que se valen de la conversación basada en las relaciones interpersonales. Algunos descartan casi por completo la necesidad de una dinámica verbal y prefieren dar testimonio solo con acciones, mediante la actividad misionera basada en torno a proyectos de acción social como método por medio del cual se revela el amor de Dios. Y aun así, como pregunta Pablo en Romanos, si los creyentes nunca ofrecemos ninguna explicación acerca de la fuente de nuestro amor en acción hacia el mundo o de la esperanza que tenemos, ¿cómo podrá alguien llegar a conocer la verdad de Jesús y confiar voluntariamente en Él como Señor?

Para conversar: Si sabemos que la proclamación es importante en la tarea del evangelista, ¿cómo nos aseguramos de que el mensaje del evangelio se comunique con la suficiente claridad para que los oyentes lo entiendan y tengan la oportunidad de responder en serio a lo que han escuchado? ¿Qué papel desempeña la predicación?

La mejor práctica para nuestro evangelismo no se encuentra en una u otra de las opciones mencionadas, sino en reconocer el valor de un enfoque múltiple que refleje nuestra propia diversidad. Con todo, el uso de nuestras palabras es fundamental.

Ya sea que estemos ante una comunicación pública (como la predicación) o una comunicación personal (en el caso de la conversación), siempre hay formas de mejorar la claridad de nuestro mensaje. Es importante conocer a quien nos escucha y saber su contexto, ya que nos ayuda a pensar con cuidado en ilustraciones y puntos de contacto que sirvan para captar su atención y le faciliten entender lo que comunicamos. Por ejemplo, si estamos predicando el evangelio a un grupo de adolescentes, es posible que optemos por palabras y expresiones culturales muy diferentes a cuando conversamos personalmente con un anciano. El mensaje del evangelio en sí no cambia, pero la forma de presentarlo, las ilustraciones que usamos y las referencias culturales que empleamos pueden adaptarsea las personas que tenemos frente a nosotros. En resumen, el contenido de lo que predicamos no cambia, pero sí la manera en que lo expresamos.

Por eso, prepararnos para compartir el evangelio es una parte importante de nuestro andar cristiano. Si solo nos valemos de la misma exposición evangelística cada vez que nos disponemos a predicar, es probable que nos volvamos predicadores trillados y perezosos. Si siempre nos apoyamos en el mismo método para explicar el evangelio, es poco probable que logremos interesar a distintas clases de personas por medio de conversaciones que les ayuden a descubrir a Jesús. Ante todo, tenemos que abordar nuestra preparación en oración, pidiendo a Dios que hable a través de nosotros por su Espíritu y nos dé las palabras para decir. También deberíamos estar preparados para comunicar el evangelio en diversas formas que procuren tener en cuenta a las personas con las que podríamos entrar en contacto.

Para conversar: Observen las siguientes características para verbalizar el evangelio y piensen cómo podrían implementarlas en sus propias oportunidades evangelísticas. ¿En qué sentido esta preparación podríaser un acto de adoración?

Debemos proclamar:

  • Con claridad: La claridad es la meta suprema de una buena comunicación. Para explicar con claridad, debemos tener una muy buena comprensión del evangelio en sí, conocerlo lo suficiente para poder presentarlo con precisión y sencillez.
  • De sentido espiritual: Para que los corazones muertos cobren vida por el mensaje del evangelio, el Espíritu de Dios debe actuar. Por eso nuestra predicación tiene que estar sujeta al poder del Espíritu para realizar la tarea.
  • Con amor: No atraemos a las personas con nuestras propias ideas ni con nuestra sabiduría, las alcanzamos con la realidad única de Jesucristo. Debemos predicar con humildad, respetando a Aquel de quien predicamos (Dios) y mostrando compasión por aquellos con quienes compartimos el mensaje (sus hijos).
  • Con valentía: La humildad no anula la valentía al presentar la verdad del evangelio. Podemos hablar con convicción y confianza en la verdad de nuestro mensaje sin dejar de ser amables, gentiles y humildes.
  • Con singularidad: Hay que presentar a Cristo como único y singular ante todos los demás, y Él debe ser siempre el foco central de nuestras conversaciones sobre el evangelio.
  • Con enfoque personal: Podemos demostrar la verdad del evangelio al contar de su impacto en nuestra propia vida y así tender puentes hacia el oyente y sus circunstancias.

Tanto si hablamos en una conversación como si predicamos desde un púlpito, debemos tener presente cada uno de estos puntos. No obstante, una característica que resulta exclusiva en toda oportunidad de conversación es escuchar. Siempre hay que estar dispuestos a escuchar con atención a nuestros interlocutores. No solo esperen su turno para hablar, hagan buenas preguntas en relación a lo que escuchan, sean ávidos indagadores con una actitud cordial, demostrando interés, y no sientan que tienen que contestar a cada pregunta que les hagan o refutar cada cuestión con la que disientan. Las conversaciones son viajes y, a menudo, desconocidos. Como en la mayoría de los viajes desconocidos, necesitamos un mapa que nos ayude a encontrar el camino. Escuchar realmente a sus interlocutores les proporcionará ese mapa y entonces es posible que a ellos se les vaya aclarando el destino oportunamente. (Para profundizar en este tema, consulten las sesiones del Año Tres sobre la interacción en el evangelismo personal).

Por muy útiles que sean estas características a los fines de nuestra proclamación, es importante recordar que no hay habilidad de expresión que baste para llevar realmente a alguien al reino de Dios; solo Dios puede hacerlo. Nuestra comunicación debe generar el espacio para que el Espíritu Santo se mueva con poder. En la última sesión, observamos el compromiso de Pablo por saber y predicar la historia de Jesús (1 Corintios 2). En los versículos siguientes, Pablo cuenta su compromiso de proclamar la historia de Jesús en el poder del Espíritu para que la nueva fe se fundamente en Dios y no en la razón humana:

‘No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes, sino con demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no dependiera de la sabiduría humana, sino del poder de Dios.’

1 CORINTIOS 2:4–5

Anhelamos adorar a Dios en espíritu y en verdad (Juan 4:23), y nuestro evangelismo no debería ser diferente. Declaramos la verdad de Dios en el poder del Espíritu como adoradores que dan testimonio de Aquel a quien adoramos, para que otros puedan llegar a adorarlo.

DEBATE (20 minutos)

  1. ¿La predicación sigue siendo relevante hoy?
  2. ¿Cuáles son tus fortalezas y debilidades en la comunicación?
  3. ¿Cómo te preparas para una presentación del evangelio a diferencia de una conversación sobre el evangelio? ¿Abordas el contenido de manera distinta?
  4. ¿Qué función cumple el arte de escuchar en tu proclamación?

‘La diferencia entre una buena predicación y una predicación excelente radica principalmente en la obra del Espíritu Santo (…). Deberíamos hacer el trabajo necesario para que nuestra comunicación sea buena
y dejar en manos de Dios el modo y la frecuencia de hacerla excelente para quien escucha.’

TIM KELLER

APLICACIÓN (5 minutos)

Busca en YouTube un video adecuado de alguna predicación del evangelio que puedas someter a crítica, tanto por el estilo como por el contenido. Pide a los miembros del grupo que lo miren en el lapso entre sesiones, tomen notas y estén preparados para comentar en la próxima reunión. Tal vez quieran usar los seis puntos de consejos en esta sesión como marco de referencia para evaluar algunas fortalezas y/o debilidades de la presentación del evangelio.

ORACIÓN

Oren juntos para que el Espíritu de Dios obre mediante la humilde ofrenda de comunicación de cada uno. Denle gracias a Dios porque ha decidido hacerlos voceros de su mensaje y pídanle que los ayude a vivir el evangelio con autenticidad, para que las palabras que salgan de sus labios no estén disociadas del estado de su corazón. Oren por aquellos que oirán el mensaje: que Dios prepare sus corazones y los lleve a un punto de revelación a partir de donde puedan decidir confiar en Él.

RENDICIÓN DE CUENTAS (15 minutos)

En grupos de dos, dediquen un tiempo a dialogar sobre la actitud particular de cada uno con respecto a la comunicación en el evangelismo. ¿Se han descuidado en tener una buena preparación para las oportunidades evangelísticas, sean en público o de índole personal? ¿Han evitado verbalizar el evangelio a favor de un enfoque basado netamente en la acción? Sean sinceros entre ustedes sobre los aspectos que podrían tener que ajustar un poco en cuanto a la verbalización de las buenas noticias y comprométanse en oración a cumplir esto delante del Señor.

Contesten la hoja de preguntas para la rendición de cuentas, comenten en pares o grupos pequeños, y oren unos por otros.