Anhelamos ver que los corazones que están espiritualmente muertos cobren vida. Esta sesión explora lo que significa recibir poder espiritual a través de la oración, lo cual nos lleva a un avivamiento auténtico en nuestro corazón que, a su vez, podemos ofrecer al mundo.
LA SESIÓN EN POCAS PALABRAS
La oración es el cimiento del evangelismo y coloca el poder donde corresponde: no en el esfuerzo humano, sino en las manos de Dios.
TRASFONDO DE LA SESIÓN
El ministro presbiteriano y misionero Arthur Tappan Pierson hizo esta impactante declaración: ‘Nunca hubo un despertar espiritual en un país o una localidad que no haya comenzado con oración unida.’
Nos costaría mucho encontrar un ejemplo que contradiga esta afirmación. Describe el mandato de Dios a su pueblo en toda la Escritura y la promesa de lo que sucederá. Por ejemplo, durante el reinado de Salomón, Dios les habla a los israelitas rebeldes y les ofrece esperanza frente a su caótica desobediencia y las inevitables consecuencias desastrosas que vienen aparejadas:
‘Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra.’
2 CRÓNICAS 7:14
De la misma manera, el evangelio de Jesús es una oportunidad para renunciar con humildad al señorío sobre nuestra propia vida, someternos a Cristo, confesar que Él es el Señor y permitirle que nos traiga sanidad y nueva vida. Pasamos de la rebelión (nuestro pecado) a la revelación (la verdad de Dios), luego al arrepentimiento (fe en Dios) y finalmente al avivamiento (transformación que ofrece transformación a otros).
El significado de la palabra abandonar en el versículo de Crónicas es el mismo de la palabra que se traduce arrepentir en el Nuevo Testamento. Jesús empezó su ministerio de predicación con un llamado a hacer precisamente eso (Marcos 1:15). El problema de los israelitas en el relato de Crónicas es el mismo que tenemos hoy: con demasiada frecuencia acudimos a otros dioses (incluidos nosotros mismos) en el intento de dirigir nuestro propio destino. Esta desobediencia solo puede llevar a la muerte, la destrucción y el caos. Dios nos llama a regresar a Él desde el momento en que nos apartamos. El evangelio revela que, pese a nuestra rebelión, hay esperanza en la gracia de Dios y en nuestra respuesta humilde a Él.
La súplica ante un juez suele implicar una declaración de inocencia con la esperanza de ser absueltos; pero aquí se nos dice que nos inclinemos ante el Juez eterno y admitamos nuestra culpabilidad. Solo entonces podemos hallar perdón. La justicia exige castigo por nuestra culpa a la luz de la espantosa realidad de nuestra rebelión contra un rey santo; pero Dios, en cambio, nos extiende perdón mediante la justicia perfecta de la cruz. En lugar de muerte, se nos ofrece sanidad, restauración y vida. Dios revive a los humildes.
Otro ejemplo del poder de la oración y de la unidad (con Dios y unos con otros) para el avivamiento se encuentra en la historia de Job. El momento decisivo para Job no es cuando recibe un fuerte ajuste de perspectiva por parte de Dios, sino cuando ora obedientemente por los amigos que eran parte del problema de distorsionar su perspectiva desde el principio. En ese punto del relato, Job levanta la mirada de sus propias circunstancias, eleva una oración con misericordia por los demás (que lo afrentaron) y es restaurado (Job 42:10).
El avivamiento empieza con una persona que decide obedecer a su Padre celestial y declara su lealtad al reino de paz. Se necesita una sola persona que declare que Jesús es el Señor en palabra y acción, confiando en el Espíritu Santo para que le dé el poder de nacer de nuevo. Por la gracia de Dios, el avivamiento empieza con nosotros; y por esa misma gracia, el avivamiento puede surgir en cualquier lugar donde un pueblo antes rebelde se une con humildad para invocar a Dios y clamar que su poder sane la tierra.
GUÍA DE LA SESIÓN
PARA REPASAR (15–25 minutos)
Dediquen un tiempo para ponerse al día unos con otros: compartan historias, palabras de ánimo, respuestas ante oportunidades y todo lo que sirva de aliento para el grupo. Aprovechen este momento para conversar sobre la evaluación del video (ver Aplicación en la Sesión Cuatro): ¿Qué les pareció de utilidad y qué no? ¿Qué aprendemos del ejemplo, que nos ayude a crecer como proclamadores de las buenas noticias?
ORACIÓN
Encomienden este tiempo al Señor y oren por cualquier situación positiva o desafiante que se destaque en el tiempo de repaso.
ENSEÑANZA (20–30 minutos)
Utiliza el siguiente material didáctico como prefieras, ya sea leyéndolo textualmente o reelaborándolo para armar tu propia presentación.
‘Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna. Esto es bueno y agradable a Dios nuestro Salvador, pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad.’
1 TIMOTEO 2:1–4
En su primera carta a Timoteo, Pablo le da a su discípulo algunas instrucciones precisas para la vida de adoración de la iglesia en Éfeso. Pablo le indica que dé prioridad a las oraciones y a la intercesión por todas las personas, porque eso agrada a Dios; a Él le complace porque desea que todo el mundo conozca la paz de su reino.
La oración es el medio por el cual acudimos a Dios para pedirle que haga lo que solo Él puede hacer: traer paz en el caos y vida de la muerte. La oración es el cimiento del evangelismo porque es allí donde buscamos el poder de Dios para la tarea, y así colocamos el poder donde corresponde: no en el esfuerzo humano, sino en las manos de Dios.
‘La Biblia es la Palabra de Dios; es su propio relato de su obra consistente en hacer volver a hombres y mujeres rebeldes de regreso a Él. No habla de un hombre que busca a un Dios perdido, sino de Dios en busca de hombres perdidos. La Biblia no presenta el arte de orar; presenta al Dios de la oración, al Dios que llama antes de que respondamos y responde antes de que llamemos.’
EDMUND P. CLOWNEY
Benjamín Franklin, padre fundador de los Estados Unidos, una vez dijo: «Quien falla en prepararse, se prepara para fallar». Debemos preparar nuestro corazón para el evangelismo mediante la sumisión y la súplica en oración a Dios.
Podríamos reformular el dicho de la siguiente manera:
‘Al no prepararnos en oración para evangelizar, nos preparamos para fracasar en el evangelismo.’
Incluso con oración fiel y un mensaje del evangelio potenciado espiritualmente, igual las personas pueden decidir rechazar el evangelio. Sin embargo, el poder de la salvación es solo de Dios, y podemos confiar en que Dios actúa a través de nuestras oraciones aun cuando no vemos los resultados de inmediato. El resultado de nuestro evangelismo está en manos de quien escucha nuestro mensaje y de Dios mismo.
Nuestro éxito o fracaso en la evangelización no se mide por el número de personas que se salvan, sino por nuestra obediencia al hacer lo que Dios nos pide: orar y proclamar. Nuestra principal motivación para orar es que Dios nos manda hacerlo. Sin embargo, esta motivación debería madurar en nosotros -a medida que crecemos en la relación con nuestro Padre celestial- y pasar de ser una respuesta al simple mandato de Dios hasta llegar a que anhelemos con amor glorificarlo y busquemos su bondad y sus bendiciones para nuestra propia vida y para aquellos por quienes oramos. Descubrimos la voluntad de Dios con mayor claridad a medida que lo conocemos con mayor profundidad. Cuanto más oramos, más conocemos a Dios. Cuanto más conocemos a Dios, más deseamos orar para que se haga su voluntad en la tierra como en el cielo.
¿Cómo está nuestra vida de oración? Para algunos, la oración surge de manera natural. A otros les cuesta más. Los predicadores podrían hacerse esta pregunta para autoevaluarse: «¿Me resulta más fácil predicar que orar?». ¿Cuánto te extenderías predicando felizmente después del tiempo asignado para tu sermón, y con cuánta frecuencia sigues orando más allá de los límites de tu tiempo devocional habitual? ¿Y qué hay de la alabanza y la adoración? Muchos tienen la facilidad de perderse en la música y la vivencia del canto congregacional, pero no sucede lo mismo cuando se trata de orar.
Si queremos ser productivos en el evangelismo, tenemos que ser personas de oración, nos surja de manera natural o no. No importa la duración de nuestras oraciones, pero sí la sinceridad. A medida que continuamos pidiéndole al Señor con sinceridad que obre su transformación en nuestra vida y la de los demás, descubrimos que va creciendo nuestra capacidad de pasar más tiempo en su presencia. Ese tiempo honrará a Dios, nos hará bien a nosotros y bendecirá a otros.
Para conversar: El Catecismo Menor de Westminster describe la oración como «elevar una ofrenda de nuestros anhelos ante Dios por cosas agradables a su voluntad en el nombre de Cristo, confesando nuestros pecados y reconociendo con gratitud sus misericordias». ¿Cómo moldea esta descripción nuestra forma de entender la oración particularmente con respecto al evangelismo?
Antes de ofrecernos a orar por otros como parte de nuestro evangelismo, podemos entender y aplicar la oración al menos de tres maneras cuando se trata de prepararnos para compartir el evangelio:
Primero, como parte del proceso por el cual podemos crecer en madurez como hijos de Dios y discípulos de Jesucristo que ayudan a otros a crecer del mismo modo (Efesios 4:14-16).
Segundo, como la vía por la cual el poder de Dios puede crear oportunidades para testificar y obrar a través de nosotros a fin de que nuestro evangelismo pase de ser una mera promoción de la fe cristiana a una motivación que impulse los corazones de muerte a vida (Colosenses 4:2-6).
Tercero, como la vía por la cual podemos ser equipados con la armadura espiritual para la defensa contra los ataques del enemigo al entrar en la primera línea de la batalla espiritual, y para abrir los ojos de quienes hayan sido engañados por sus artimañas a fin de que puedan ver y conocer, en cambio, la luz de Jesús (Efesios 6:10-20).
Tal como hizo Pablo con Timoteo, vamos a impulsarnos y animarnos unos a otros a ser personas de oración en favor de todo el mundo; y que nuestras oraciones sean agradables a Dios al someternos a su poder con la esperanza de que el mundo llegue a conocer y entregarse a su verdad de salvación.
DEBATE (10 minutos)
- ¿Qué hábitos o disciplinas de oración tienes antes de predicar el evangelio o de participar en alguna oportunidad para dar testimonio de tu fe?
- ¿Utilizas la oración dentro de la tarea de evangelismo? En ese caso, ¿cómo lo haces?
- ¿Cómo entiendes y abordas el tema de las oraciones «no respondidas», y cómo ayudarías a otra persona a entender esta idea si te preguntara al respecto mientras le compartes tu fe?
‘El avivamiento que se aproxima debe comenzar con un gran avivamiento de oración. En cada aposento, con la puerta cerrada, es donde se escuchará primero el sonido de la lluvia abundante. Un mayor crecimiento de la oración en privado por parte de los pastores será el preludio seguro de la bendición.’
ANDREW MURRAY
ORACIÓN Y RENDICIÓN DE CUENTAS, PARTE UNO (20–30 minutos)
En grupos de dos o tres, dediquen un tiempo a reflexionar sobre su vida de oración, sus modelos y hábitos. Sean sinceros unos con otros acerca de sus fortalezas y debilidades frente a la oración y propónganse crecer al darle más espacio a la oración personal cada día. Oren juntos de las tres maneras siguientes:
- Oren unos por otros, para que Dios los ayude a ser personas humildes que crezcan a diario en su relación con Él.
- Pasen tiempo orando por su comunidad, su pueblo o ciudad. Oren por los perdidos, para que se salven, y pídanle a Dios que sane nuestra tierra. (En términos generales: Señor, dame oportunidades para testificar hoy. Dios, reaviva los corazones hoy).
- Pasen tiempo orando por ustedes mismos, que sean equipados con toda la armadura de Dios cuando se dirijan al frente de batalla.
APLICACIÓN (5 minutos)
Hagan una lista con los nombres de al menos cinco amigos, familiares, colegas o incluso desconocidos, que ustedes sepan que aún no conocen a Jesús como Señor. Guárdenla en el teléfono, la billetera, la Biblia o algún lugar accesible donde puedan verla a diario. Oren fielmente por estas personas cada día, pídanle a Dios que les infunda nueva vida y las guíe a confiar en Él.
RENDICIÓN DE CUENTAS, PARTE DOS (15 minutos)
Contesten la hoja de preguntas para la rendición de cuentas, comenten de a pares o en grupos pequeños, y oren unos por otros.


