¿Cómo mantenemos la autenticidad en nuestra vida y en nuestro evangelismo? A partir de lo que hemos analizado sobre la oración en la sesión anterior, aquí exploraremos la importancia de la vida devocional plena en nuestro andar cristiano y para nuestro evangelismo.

LA SESIÓN EN POCAS PALABRAS

La devoción nos traslada a un lugar de santidad cuando pasamos tiempo con nuestro Padre santo y celestial, lo cual a su vez nos prepara para ser embajadores eficaces del reino; llevamos un mensaje de esperanza en nuestros labios, que demuestra ser auténtico por la transformación de nuestro corazón.

TRASFONDO DE LA SESIÓN

Mientras regresaban de su peregrinaje anual a Jerusalén para el festival de la Pascua, María y José se dieron cuenta de que Jesús no estaba con ellos. Después de tres angustiosos días, por fin se reunieron con su hijo cuando lo encontraron con los maestros en la zona del templo. Jesús estaba sentado entre los sabios maestros, aprendiendo de ellos, pero también les aportaba su conocimiento y los asombraba con su extraordinaria comprensión de la Escritura a la edad de tan sólo doce años. Cuando María le preguntó por qué había preocupado a sus padres al perderse así, a Jesús pareció confundirlo la pregunta.

Esta confusión se presenta porque Jesús da por sentado con justa razón que solo es factible perderse o estar desaparecido si quienes tratan de encontrarte no saben dónde estás. ¿Cómo era posible que ellos no supieran que estaría en la casa de su Padre? Para Jesús, es su lugar natural. Sería como intentar localizar al presidente de los Estados Unidos y buscar por todas partes excepto en la Casa Blanca y, tras quedar perplejos al encontrarlo sentado en su escritorio del despacho oval, preguntarle con exasperación: «¿Dónde ha estado?».

Lucas relata con palabras específicas la respuesta de Jesús a María, en la cual Jesús revela su firme pronunciamiento de una relación única con Dios: «¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre?» (Lucas 2:49). No parece haber ningún equivalente a esta declaración en ninguna otra parte de la Escritura, salvo cuando habla Jesús. Sus primeras palabras registradas lo muestran declarando que es el Hijo de Dios.

La obra de la cruz implica que podemos ser adoptados en la familia de Dios. Se nos otorga el derecho de ser llamados hijos de Dios por la fe en Jesús. Así que la pregunta para nosotros se transforma en la siguiente: ¿cuán natural nos resulta pasar tiempo en la casa de nuestro Padre?

En el lugar de devoción es donde descubrimos más plenamente quiénes somos en verdad. Crecemos. Somos perfeccionados. Nos armamos de valor. Recibimos convicción de nuestras malas acciones. Se nos instruye en nuestro propósito. Hallamos plenitud de nuestra existencia. A través de la devoción, somos hechos santos como Dios es santo. La devoción es primordial para la vida cristiana porque moldea la santidad y es fundamental para la tarea del evangelismo, porque el evangelio debe vivirse y ser proclamado por un pueblo santo.

En cuanto entramos en su presencia, Dios nos pregunta, no con exasperación sino con deleite: ‘¿Dónde has estado?’.

GUÍA DE LA SESIÓN


PARA REPASAR (10–20 minutos)

Dediquen un tiempo para ponerse al día unos con otros: compartan historias, palabras de ánimo, espuestas ante oportunidades y todo lo que sirva de aliento para el grupo. Revisen sus listas de oración (ver Aplicación en la Sesión Cinco) y consideren cualquier novedad desde que comenzaron a orar fielmente por esas personas cada día.

ORACIÓN

Encomienden este tiempo al Señor y oren por cualquier situación positiva o desafiante que se destaque en el tiempo de repaso.

ENSEÑANZA (25–35 minutos)

Utiliza el siguiente material didáctico como prefieras, ya sea leyéndolo textualmente o reelaborándolo para armar tu propia presentación.

‘Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar.’

MARCOS 1:35

En la vida, nos «dedicamos» a toda clase de cosas. Tal vez estemos dedicados a la familia y los amigos, a defender valores positivos o a perseguir sueños. Quizás también nos dediquemos a un pasatiempo, un equipo deportivo o a obtener un puntaje alto en cualquiera que sea la última tendencia de juegos en dispositivos electrónicos.

Jesús también estaba dedicado a su familia y sus amigos. Sin duda, estaba dedicado a aprender el oficio familiar de José. Era un hijo dedicado, se aseguró de que el apóstol Juan asumiera la responsabilidad de cuidar a su madre después de que Él muriera, resucitara y ascendiera. Se dedicaba al compañerismo con sus amigos, al parecer pasaba más tiempo con ellos que predicando a las multitudes.

Con esta clara devoción a la vista, ¿qué quiere decir Jesús al afirmar que vino a enfrentar a las familias entre sí (Lucas 12:53)? Podemos empezar a entenderlo a la luz de su devoción principal a su Padre en el cielo, una devoción que se efectuó a costa de todas las demás, por muy virtuosas que fueran. Jesús no decía que estuviera mal amar a los padres o que Él quisiera específicamente separar a las familias porque sí. Pero Jesús sabía que cualquier cosa que aleje nuestra devoción principal de Dios nos llevará finalmente a la impiedad. Es en nuestra devoción a Dios que somos santificados.

Para conversar: ¿Cuáles cosas pueden desviarlos con facilidad de su devoción a Dios? Hablen específicamente de cuestiones que no son malas en sí mismas pero bien pueden volverse distracciones o barreras para la sumisión a Dios.

¡Es posible estar más dedicados al evangelismo que a Jesús mismo! Pero existimos para adorar al Rey, no a un ministerio ni a un llamado. Tenemos que cimentarnos en una vida espiritual que escuche efectivamente a Dios y se consagre a Él por encima de todo.

Independientemente de las exigencias de su ministerio o de sus relaciones terrenales, Jesús dio prioridad a la comunión personal con su Padre, se tomaba tiempo para retirarse a orar y a escuchar. Estar con su Padre era el lugar más natural para Él. El Evangelio de Marcos nos muestra tres de estas ocasiones en las cuales Jesús se retiró a solas. Dediquen unos minutos a reflexionar en los siguientes pasajes:

MARCOS 1:35-39: LEVANTARSE TEMPRANO PARA ORAR EN UN LUGAR AISLADO

¿Qué nos enseña esto sobre recibir instrucciones de parte de Dios?

MARCOS 6:45-46: RETIRARSE A LA CIMA DE UNA COLINA PARA ORAR

¿Qué nos enseña esto sobre recibir renovación de parte de Dios?

MARCOS 14:32-41: ORAR EN GETSEMANÍ ANTES DE QUE LO ARRESTARAN

¿Qué nos enseña esto sobre llevar el peso de nuestras circunstancias ante Dios?

La oración informal y espontánea a lo largo del día es muy buena, pero separar tiempo intencionalmente para orar y leer la Biblia es vital. Algunos son excelentes con la oración, pero no tan buenos cuando se trata de abrir la Biblia; otros tienen una gran ética de estudio bíblico pero se dispersan cuando llega el momento de orar. Puede resultar sumamente productivo combinar ambas cosas, leyendo un capítulo o más de la Escritura y luego orando sobre lo que dice el pasaje y su posible aplicación a nuestra vida. También es importante pasar tiempo adorando y ofreciendo agradecimientos a Dios, al igual que presentando nuestras peticiones y necesidades ante Él.

Jesús no tenía necesidad de confesar ningún pecado, pero la confesión es una parte central de la oración que les enseña a sus discípulos: «Perdónanos nuestros pecados…» (Mateo 6; Lucas 11). La oración de David en el salmo 51 es un magnífico ejemplo para acercarnos humillados delante Dios mediante una oración de arrepentimiento y confesión cuando haga falta.

El primer paso hacia la santidad es reconocer que Dios es santo y nosotros no. Lo necesitamos a Él y, cuando separamos tiempo a diario para entrar en su presencia, el poder transformador de su amor se asegurará de que ya nunca seamos los mismos. Esa transformación es la evidencia más sólida de que el evangelio es cierto y tiene poder para salvar. Cuando proclamamos la bondad de Dios y compartimos la historia de Jesús, las personas que alcanzamos pueden crecer en la confianza de que nuestro mensaje del evangelio es auténtico al examinar la obra de Dios mediante nuestras vidas completamente dedicadas a Él.

Jesús abrió el camino para que seamos santos mediante la obra salvadora de la cruz; nos llamó a morir a nuestra vieja vida y a poner nuestra confianza en Él. Ahora que caminamos en nueva vida, Jesús nos ha mostrado cómo es buscar la santidad mediante la devoción diaria al Padre. No somos perfectos y no siempre lo haremos todo bien en la vida, pero al doblar las rodillas ante nuestro Rey bondadoso y santo, podemos ponernos a disposición de su gracia para sanar y de su poder para ayudarnos, a fin de ser santos como él es santo.

DEBATE (15 minutos)

  1. ¿Generas suficiente espacio en tu vida para tu tiempo devocional diario? ¿Cuáles son algunos de tus buenos hábitos y cuáles podrían necesitar más dedicación?
  2. ¿Notas una correlación entre la salud de tu vida devocional y la calidad de tu evangelismo?
  3. ¿Cómo puedes abrirte a más instrucción, renovación espiritual, perspectiva y arrepentimiento mediante la devoción intencional en las próximas semanas?

APLICACIÓN (5 minutos)

Comiencen a orar basados en los Salmos, pasen unos minutos cada día leyéndolos y orando, además de cualquier otro estudio bíblico y tiempo de oración. Si pueden, traten de mantener esta práctica durante todo un mes o el año entero. Es tan sencillo como abrir la Biblia y tomar un salmo a la vez, o seguir un plan devocional como el de Tim Keller, Los cantos de Jesús: Un año de devocionales diarios en los Salmos.

ORACIÓN

Den gracias al Padre celestial porque desea relacionarse con sus hijos. Comprométanse en oración a una vida de devoción que los lleve de ser turistas espirituales a ser hijos que habiten en la casa de su Padre y en su presencia. Pídanle a Dios que nos ayude a ser santos como Él es santo y que la transformación de nuestra vida sea el cimiento sobre el cual se edifique nuestro evangelismo.

RENDICIÓN DE CUENTAS (15 minutos)

Conversen de a dos sobre las cosas en su vida que pueden ser una amenaza o ya se han convertido en un ídolo para ustedes que los aleja de su devoción principal a Dios. Interróguense mutuamente con delicadeza para ayudarse a ver más allá de los puntos ciegos que puedan tener. Contesten la hoja de preguntas para la rendición de cuentas, comenten de a pares o en grupos pequeños, y oren unos por otros.