La Biblia revela la invitación de Dios a alejarnos de nuestra rebeldía y a relacionarnos con él mediante la fe en Jesucristo. ¿Cómo nos aseguramos de que no solo estamos explicando y presentando lo que es el evangelio, sino que también invitamos valerosamente a las personas a responder a lo que han escuchado y actuar en consecuencia?
LA SESIÓN EN POCAS PALABRAS
La tarea del evangelismo es un compromiso a proclamar el mensaje completo del evangelio, que incluye una invitación al oyente a cambiar de rumbo para conocer y experimentar la verdadera vida mediante la fe en Jesucristo.
TRASFONDO DE LA SESIÓN
Imaginen a un novio en la entrada de la iglesia el día de su boda. Mira a su alrededor el edificio hermosamente decorado, lleno de amigos y familiares emocionados, a la expectativa de la entrada de la novia. La mujer de sus sueños tiene que llegar en cualquier momento. Pasan diez minutos y la novia no llega. Es habitual que la novia se retrase, piensa. Pasan veinte minutos y todavía no hay señales de la novia. El novio sonríe con cierto nerviosismo. Luego de treinta minutos aún no aparece la novia ni hay noticias de la razón de su tardanza. Ahora empieza a alarmarse un poco a medida que el murmullo de la multitud reunida va en aumento. Cuarenta y cinco minutos pasan, se cumple una hora… y la novia aún no llega. El murmullo entre los invitados ya escala a su punto álgido. ¿Qué está sucediendo? ¿Acaso se le habrá hecho ridículamente tarde o habrá hecho lo impensable y decidió no presentarse para nada?
La mente del novio empieza a dar vueltas considerando todas las posibles razones por las que ella no ha llegado y, de repente, se le desploma el alma cuando cae en la cuenta. En realidad, él nunca le pidió casamiento a su prometida.
Una invitación es fundamental si la oportunidad que tienes para alguien requiere una respuesta. La versión más breve del mensaje evangelístico de Jesús se registra en Marcos de la siguiente manera: «Se ha cumplido el tiempo —decía—. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!» (Marcos 1:15).
La palabra arrepentirse puede causar algunos problemas, sobre todo porque mucha gente no sabe lo que significa en realidad. Arrepentirse se ha asociado a menudo en la predicación del evangelio con un enfoque al estilo «creer o arder», lo que significa que al escuchar su mención muchos oyen solo un pronunciamiento de juicio. Para muchas personas hoy en día la palabra arrepentirse no suena precisamente a una «buena noticia».
Pero cuando la entendemos correctamente, la palabra arrepentirse encierra una sorprendente revelación de la verdad del evangelio. Literalmente implica un cambio de mentalidad, cambiar el rumbo de la vida. «Van por el camino incorrecto -dice Jesús-, pero gracias a mí, pueden tomar el camino correcto: el camino de la verdad, que lleva al Padre». El arrepentimiento es una buena noticia porque le ofrece a cualquiera que lo escucha una oportunidad de conocer la vida en lugar de la muerte. Nos hemos acarreado juicio por rebelarnos contra Dios; el arrepentimiento es tanto la alarma contra incendios que nos alerta de esta realidad como también la invitación a descubrir a Jesús, quien es la verdad que puede liberarnos.
Según Walter A. Elwell y Barry J. Beitzel, el arrepentimiento (la conversión) tiene tres aspectos:
‘Primero, es una conversión que implica darle la espalda a algo, lo cual incluye pecados específicos, falsos dioses o simplemente una vida vivida para uno mismo (1 Tesalonicenses 1:9; Apocalipsis 9:20-21, 16:11). Segundo, la conversión es producto de la voluntad de Dios y de su obra misericordiosa en el mundo (Hechos 11:18; Romanos 2:4; 2 Corintios 7:10; 2 Timoteo 2:25; 2 Pedro 3:9). Tercero, la conversión implica volver hacia alguien, es un compromiso de toda la vida entregada a Dios en Jesucristo (Hechos 14:15; 1 Tesalonicenses 1:9; 1 Pedro 2:25). Por lo tanto, se trata de una reorientación total —sea espectacular o más discreta, repentina o gradual, emocional o tranquila— mediante la cual una persona transfiere su absoluta lealtad a Dios.’
Los primeros predicadores del evangelio tuvieron cuidado de incluir una oportunidad para que sus oyentes respondieran a su mensaje, tal como hizo Jesús. El llamado al arrepentimiento era el punto culminante de la predicación sobre la historia de Jesús (Hechos 2:37-39; 3:25-26; 4:12; 5:31; 10:43).
El evangelio invita a la humanidad a dejar de huir de Dios. A través de la fe en Jesucristo, podemos dar la vuelta y mirar a Dios; al hacerlo, permitimos que nuestra manera de pensar cambie por la verdad de quien es Él, y vemos así nuestra vida transformada por el poder de su Espíritu.
GUÍA DE LA SESIÓN
PARA REPASAR (10–20 minutos)
Dediquen un tiempo para ponerse al día unos con otros: compartan historias, palabras de ánimo, espuestas ante oportunidades y todo lo que sirva de aliento para el grupo. Conversen acerca de las oportunidades adicionales que encontraron a la luz de la última sesión (ver Aplicación en la Sesión Nueve).
ORACIÓN
Entréguenle este tiempo al Señor y denle gracias por las oportunidades que han tenido de compartir el evangelio en las últimas semanas. Oren por todos los que han puesto su confianza en Jesús en esas oportunidades.
ENSEÑANZA (30–40 minutos)
Utiliza el siguiente material didáctico como prefieras, ya sea leyéndolo textualmente o reelaborándolo para armar tu propia presentación.
«Cuando oyeron esto, todos se sintieron profundamente conmovidos y les dijeron a Pedro y a los otros apóstoles:
HECHOS 2:37–39
—Hermanos, ¿qué debemos hacer?
—Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo. En efecto, la promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los extranjeros, es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar».
La invitación es una parte tan importante del mensaje del evangelio como la cruz misma. Luego de experimentar la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, Pedro comenzó a predicar a la multitud que estaba reunida. Mediante el poder del Espíritu que actuaba en su predicación, los oyentes se sintieron «atravesados en el corazón» al oír el mensaje del evangelio.
¿Se imaginan si la historia hubiera dado un giro diferente? Justo cuando la multitud estaba lista para poner su fe en Jesús, Pedro dice: «¡Gracias a todos, que tengan un buen día!» y se va a disfrutar de un merecido almuerzo con sus amigos después de la predicación. Las personas se van conmovidas por el mensaje pero confundidas sobre cómo aplicarlo a su vida, se marchan de vuelta a su rutina con más preguntas que respuestas, sin haber tenido la oportunidad de poner su fe en el Jesús del cual Pedro les habló.
¡Gracias a Dios que eso no fue lo que sucedió! Pedro invitó a dar una respuesta e instó a las personas a arrepentirse, les brindó una forma concreta de actuar en consecuencia al mensaje que habían entendido y de responder al llamado del Espíritu que experimentaron en su corazón. El evangelio completo incluye una invitación a arrepentirse y una explicación sobre cómo proceder según lo escuchado. Los discípulos estaban totalmente comprometidos a predicar el evangelio completo, y lo mismo deberíamos hacer nosotros.
Quienes habitualmente preparan sermones o charlas sabrán lo importante que es incluir algunas maneras de poner en práctica el mensaje en la vida cotidiana. La predicación de Jesús, igual que la de los apóstoles, estaba llena de aplicación práctica. La primera presentación del evangelio de Jesús en Marcos —un llamado a «arrepentirse, porque el reino de los cielos está cerca»— es básicamente pura aplicación; Jesús está diciendo: «¡Van por mal camino, necesitan dar la vuelta y experimentar una transformación!».
A lo largo de los Evangelios, Jesús extiende una invitación reiteradamente: «Vengan a mí todos los que están cansados» (Mateo 11:28), «Vengan a ver» (Juan 1:39), «Vengan, síganme» (Mateo 4:19), «¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba!» (Juan 7:37), «¡Vengan a desayunar!» (Juan 21:12).
Estas invitaciones no son arbitrarias ni triviales; revelan la identidad de Jesús al mundo y tienen consecuencias reales cuando se aceptan o se rechazan. El aspecto decisivo de una invitación es que requiere una respuesta. Incluso quedarse neutral implica rechazar la invitación, porque solo un «sí» significa aceptar la invitación y recibir las bendiciones que vienen aparejadas.
Para conversar: Observen los siguientes tres ejemplos bíblicos de invitación y hablen sobre ellos en grupo:
- EL LLAMADO DE LOS DISCÍPULOS (MARCOS 1:17) – El llamado de Jesús es personal
- EL LLAMADO AL JOVEN RICO (MATEO 19:16-22) – El llamado de Jesús es costoso
- EL LLAMADO A SALIR DE ENTRE LOS MUERTOS (JUAN 11:43) – El llamado de Jesús es poderoso
La oportunidad de responder al evangelio es el aspecto más importante de nuestra predicación. Para proclamar el evangelio con autenticidad, siempre debemos dejar espacio para hacer una invitación a aceptar a Jesús como Señor y Salvador.
Esto puede ser delicado, y algunas oportunidades evangelísticas parecen prestarse mejor que otras para invitar a una respuesta. Entonces ¿cómo podemos «invitar» fielmente a dar una respuesta al evangelizar, en cualquier contexto o situación que nos encontremos? Ya sea desde un escenario público o en un ambiente de conversación personal, deberíamos comprometernos no simplemente a preguntar a las personas si quieren ir a la reunión del domingo (aunque hay que hacerlo también), sino invitarlas al reino de Dios. No hay una guía paso a paso para esto en la Escritura, pero los siguientes principios ofrecen un buen punto de partida:
HACER PREGUNTAS DIRECTAS
Limítate a formular preguntas directas y sencillas. Después de explicar quién es Jesús y lo que significa seguirlo, podrías preguntar simplemente: «¿Te gustaría hoy poner tu confianza en Jesucristo y empezar una nueva vida de relación con Él?», o bien: «¿Hay algo que te impida poner tu confianza en Jesús hoy?».
Si usaste alguna ilustración o parábola para conectarte con tus oyentes, aprovéchala como punto focal. Por ejemplo, si estás hablando de la historia del hijo pródigo: «Dios te llama de regreso a casa hoy; ¿quieres volver al hogar, al abrazo del Padre, tal como hizo el hijo pródigo?». Esta pregunta ayuda a saber si el oyente se abre a decirle «sí» a Jesús. Luego puedes arrojar más claridad sobre la respuesta obtenida, pero la pregunta inicial debe ser directa, sencilla y estar conectada con el mensaje que acabas de comunicar.
DAR EL TIEMPO NECESARIO
Cuando hables a un grupo de personas, espera todo el tiempo que estimes conveniente para permitir que el Espíritu les toque el corazón. La cantidad de tiempo que lleve (¡o lo incómodo que resulte!) es en gran medida irrelevante. Lo que importa es que las personas tengan tiempo para considerar lo que se dijo y que hagas espacio para que Dios obre como quiera. En el caso de situaciones individuales, tal vez la persona necesite tiempo y espacio para pensar, así que pueden acordar reunirse de nuevo en otro momento para retomar el tema. Vale recordar que no tratamos de forzar o exigir una respuesta, buscamos que Dios actúe en sus tiempos. Hay que estar dispuestos a dejar que la respuesta se exprese en el lapso que haga falta.
DEJAR EN CLARO LO QUE SE ESPERA
Explica lo que sucederá si la persona dice «sí» y a qué se la invita. Por ejemplo, explícale que orarán juntos, que tal vez le darás una Biblia y un plan de lectura, y que la contactarás con una iglesia (que puede ser la tuya). Deja en claro que quizás su vida no cambie positivamente de la noche a la mañana, pero que, a través de la devoción diaria a Jesús, la plenitud de la vida que Él ofrece se irá cristalizando. Explica algo de los próximos pasos prácticos y la realidad espiritual de la vida de discipulado que sigue luego de nuestra primera respuesta a Jesús.
CELEBRA LA ACEPTACIÓN, MUESTRA GRACIA ANTE LA NEGATIVA
Cuando una persona indique que quiere aceptar la invitación, muestra una actitud de afirmación con alegría. Que no sea algo artificial… si no sientes gozo genuino por esta respuesta, ¡puede ser que, desde el comienzo, estés buscando sobresalir por motivos incorrectos al hablar del evangelio! De igual modo, si la persona expresa un «no» reservado o categórico, demuestra gracia y humildad. Intenta dejarle una invitación abierta a la persona que rechaza, para que pueda aceptarla por su cuenta si Dios se le revela en algún otro momento; y si es posible, dale algún detalle de contacto tuyo o de una iglesia local para que pueda comunicarse si esto sucede.
Una de las razones más comunes por las cuales la gente no responde al mensaje del evangelio es que nadie se lo ofrece. Una de las razones más comunes por las cuales los evangelistas no hacen la invitación a una respuesta es el temor a que nadie responda, y entonces ellos se vean como tontos (o hagan quedar mal al evangelio). Sin embargo, el poder de la salvación no es tuyo, incluso Jesús recibió rechazo de las personas a su invitación, y varios le dieron la espalda. Simplemente somos llamados a ser fieles al mensaje del evangelio, con invitación y todo, pase lo que pase después. Es más, la invitación que Cristo nos hace es a acercarnos a Él y morir a nosotros mismos, es a que tomemos nuestra cruz y lo sigamos (Mateo 16:24). Eso significa morir a nuestro yo también en nuestro evangelismo, cueste lo que cueste y aunque parezca que hacemos el ridículo.
‘El evangelio es la convocatoria de Dios, mediante el acto de la predicación, para que el oyente tome una decisión que lo hará pasar a una nueva dimensión de existencia.’
MICHAEL GREEN
Jesús y los apóstoles ofrecían una invitación cuando predicaban el evangelio, y lo mismo debemos hacer nosotros. Cualquiera sea la respuesta resultante, podemos tener certeza de que hemos sido fieles al mensaje del evangelio y a su llamado central al arrepentimiento y la confianza en Jesucristo. Dios se encargará del resto.
DEBATE (15 minutos)
- ¿Es posible predicar con autenticidad el evangelio sin ofrecer la invitación a dar una respuesta de fe en Jesús?
- ¿Qué les resulta fácil y difícil sobre la cuestión de la respuesta en el evangelismo?
- ¿Qué han aprendido de su experiencia al evangelizar sobre cómo ayudar a las personas a responder al evangelio?
‘El arrepentimiento no es solo la puerta de entrada a la relación con el trino Dios; es la senda para esa relación continua, como escribió Lutero: “toda la vida de los creyentes debería ser de arrepentimiento”. La vida cristiana implica una relación de por vida y, mientras estemos en este mundo caído, el arrepentimiento será una parte duradera de nuestras vidas.’
MARK J. BODA
APLICACIÓN (5 minutos)
Cada uno propónganse extender una invitación a dar respuesta al evangelio cada vez que lo comparta. Tal vez seas un predicador de púlpito a quien le cuesta esta área en particular. Prueba con distintas formas de presentar la invitación y no tengas miedo de hacer el ridículo si nadie responde. De igual modo, quizás seas alguien a quien no le cuesta iniciar y mantener conversación con otras personas acerca de Jesús, pero te resulta difícil hacer la conexión con los pasos siguientes. Este mes, da un salto audaz y pregúntale al menos a una persona, tras una conversación centrada en el evangelio, si quiere poner su confianza en Jesús.
ORACIÓN
Den gracias a Dios por la invitación que nos ofrece a cada uno de reconciliarnos con Él. Pídanle que les dé valor para compartir el evangelio, que hablemos con claridad y sintamos confianza a la hora de llamar a las personas al arrepentimiento, ayudándolas a no ver condenación sino esperanza. Oren que los corazones sean receptivos a esta invitación.
RENDICIÓN DE CUENTAS (15 minutos)
Conversen entre dos qué área(s) de su vida creen ustedes que podrían necesitar algunos ajustes en el sentido de «morir a uno mismo». Todos podemos lidiar con cuestiones de idolatría o deficiencias de carácter que necesitan ser tratadas. Al pensar en extender la invitación del evangelio a otros, consideremos también la misma invitación renovada que Dios nos ofrece a nosotros: morir a nuestro yo y seguirle. Anímense y oren los unos por los otros cuando dialoguen sobre este tema. Contesten la hoja de preguntas para la rendición de cuentas, comenten de a pares o en grupos pequeños, y oren unos por otros.


