Un indicador de los dones evangelísticos es la capacidad de detectar -y el deseo de aprovechar- todas y cada una de las oportunidades para compartir el evangelio con las personas que nos rodean. En esta sesión exploraremos cómo podríamos aprovechar al máximo cada oportunidad.

LA SESIÓN EN POCAS PALABRAS

Deberíamos estar siempre listos para aprovechar toda oportunidad evangelística que se nos presente, explicando las buenas noticias del evangelio con claridad en cada situación y circunstancia.

TRASFONDO DE LA SESIÓN

Pedro nos dice que debemos estar siempre preparados para comunicar el evangelio a todo el que indague sobre la esperanza que tenemos (1 Pedro 3:15). Pablo insta a Timoteo a estar listo para predicar el evangelio en cualquier momento y circunstancia de la vida (2 Timoteo 4:2) y escribe en otra parte que debemos aprovechar al máximo cada oportunidad (Colosenses 4:5). Jesús demuestra un estilo de vida con pronta disposición para servir y compartir en todo momento. A veces eso significa mirar en lugares inesperados para ver una oportunidad (como sucedió con Zaqueo en Lucas 19:1-10), estar listos en situaciones socialmente difíciles (como en el caso de la mujer samaritana en Juan 4:1-26), ser audaces en lugares de privilegio (recuerden la mujer pecadora en la casa del fariseo, en Lucas 7:36-50), hablar con marginados sociales (como los leprosos sanados en Lucas 17:11-19) o declarar la verdad durante el propio sufrimiento (como sucedió con el ladrón en la cruz, en Lucas 23:39-43), y la lista continúa.

Las cruzadas evangelísticas de Billy Graham —en las cuales él predicó a más gente que cualquier otra persona en la historia— fueron el aspecto más famoso de su evangelismo, pero no la única forma en que transmitió el evangelio a lo largo de su vida. Ya sea que se reuniera con presidentes o miembros de la realeza, que apareciera en los principales programas de entrevistas, que llevara asistencia a zonas afectadas por desastres naturales, que ministrara a las tropas en el extranjero o testificara a personas que conocía al pasar, Billy siempre estaba listo, preparado y dispuesto para compartir el evangelio con quienquiera que encontrara.

La preparación evangelística de Billy Graham no se inspiraba en una interpretación elevada de la Gran Comisión. Su motivación para ver y aprovechar todas y cada una de las oportunidades nacía de haber comprendido y recibido verdaderamente el evangelio y de haberse sometido personalmente a él.

Un indicador de quienes tienen el don de evangelista es que suele haber en ellos una compasión (sobre)natural por los perdidos, que supera la satisfacción de cumplir con un compromiso evangelístico o responder a una oportunidad de predicar. Un evangelista anhela con desesperación que todos escuchen y reciban el evangelio, e incluso bajo amenaza de reprimendas y arduas consecuencias, no podría dejar de hablar de Jesús en cada oportunidad (Hechos 4:18-20). Pero la verdad es que todo creyente -no solo aquellos con el don de evangelista- desarrollará compasión por los perdidos cuanto más entienda las buenas noticias para sí y viva dentro de su preciosa gracia, hasta llegar a sentir la misma compasión divina a medida que crece en la nueva vida a imagen y semejanza de Dios.

La notable historia verídica de Desmond Doss, contada en la reciente película hollywoodense Hasta el último hombre, revela a un joven que se sintió impulsado a alistarse como médico de combate durante la Segunda Guerra Mundial pero se negó a portar armas bajo ninguna circunstancia debido a su fe devota en Dios. Destinado a la isla japonesa de Okinawa, Doss se encontró detrás de líneas enemigas en el acantilado de Maeda (en inglés Hacksaw Ridge, título original del filme). Allí, bajo un intenso fuego enemigo, Doss pudo escuchar los lamentos de los heridos (tanto estadounidenses como japoneses) y empezó a salvar a todos los que podía, bajándolos por el acantilado con un sistema improvisado de poleas con cuerdas. Doss recibió el disparo de un francotirador en el brazo, y más tarde descubrieron que tenía diecisiete esquirlas en el cuerpo; así y todo, siguió hasta el límite de sus fuerzas para salvar a todos los soldados posibles.

Al ser entrevistado años más tarde acerca de esta hazaña increíble, Doss explicó que, cuando el agotamiento lo invadía y sentía que ya no podía ayudar a ningún otro, oraba: «Señor, ayúdame a rescatar a uno más». Doss salvó al menos a 75 hombres en aquel acantilado.

La oración de Doss es el clamor de un evangelista; es el clamor de todo el que comparte el sentir de Dios por los perdidos: «Señor, en cada oportunidad, por difícil o costosa que sea, ayúdame a rescatar a una persona más».

GUÍA DE LA SESIÓN


PARA REPASAR (10–20 minutos)

Dediquen un tiempo para ponerse al día unos con otros: compartan historias, palabras de ánimo, respuestas ante oportunidades y todo lo que sirva de aliento para el grupo.

Si el grupo es pequeño, que cada integrante comparta una victoria y una lucha que haya tenido desde la última reunión. En el caso de grupos más numerosos, que sean cuatro o cinco personas quienes cuenten un testimonio personal que haya sucedido en el transcurso de la última reunión hasta este encuentro.

ORACIÓN

Encomienden este tiempo al Señor y oren por cualquier situación positiva o desafiante que se destaque en el tiempo de repaso.

ENSEÑANZA (20–30 minutos)

Utiliza el siguiente material didáctico como prefieras, ya sea leyéndolo textualmente o reelaborándolo para armar tu propia presentación.

‘Un día subían Pedro y Juan al templo a las tres de la tarde, que es la hora de la oración. Junto a la puerta llamada Hermosa había un hombre lisiado de nacimiento, al que todos los días dejaban allí para que pidiera limosna a los que entraban en el templo. Cuando este vio que Pedro y Juan estaban por
entrar, les pidió limosna. Pedro, con Juan, mirándolo fijamente, le dijo:
—¡Míranos!
El hombre fijó en ellos la mirada, esperando recibir algo.
—No tengo plata ni oro —declaró Pedro—, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!.

HECHOS 3:1–6

Es fácil pasar por alto oportunidades. Muchos de los lamentos que enfrenta la gente hacia el final de su vida giran en torno a las oportunidades perdidas… las cosas que quisieran haber hecho si tan solo hubiesen tenido la confianza para intentarlo o si se hubieran preocupado menos por lo que los demás pudieran pensar.

El mundo de las redes sociales ha generado un fenómeno particular: el «miedo a perderse algo» (FOMO, por sus siglas en inglés). En un mundo conectado todo el tiempo, siempre podemos ver lo que hacen los demás y, cuando parece que otros están viviendo una mejor experiencia que nosotros, el FOMO puede aparecer. En términos generales, se considera que el FOMO es un efecto secundario inservible y a menudo malsano de nuestra conectividad, pero ¿qué pasa cuando leemos la Biblia? ¿Alguna vez sintieron este temor de perderse algo al leer lo que hacían los discípulos de Jesús y la iglesia primitiva en el libro de los Hechos?

Leer sobre los apóstoles en el Nuevo Testamento puede dejarnos con la sensación de que nos estamos perdiendo ese grado de aventura que vivían ellos al predicar el evangelio. Aunque la mayoría de nosotros dejaría pasar las partes más temibles (¡como ser apedreados a muerte!), nos encantaría ver y vivenciar más de las señales y maravillas que acompañaron el ministerio de los apóstoles.

En Hechos 3, Pedro y Juan se encuentran ante una situación cotidiana: un mendigo rengo les pide algo de dinero. Habría sido fácil para los apóstoles solo pasar de largo a este hombre desafortunado o darle una pequeña limosna y seguir caminando.

Observen qué específico es el lenguaje en este punto: en vez de seguir caminando, Pedro y Juan lo miran directamente. Otra versión de la Biblia señala que Pedro y Juan miraron fijamente al hombre, quien a su vez fijó la mirada en ellos con la expectativa de recibir algo.

Para conversar: ¿Con cuánta atención observan el mundo a su alrededor? ¿Qué tan hábiles son para detectar y aprovechar las oportunidades que surgen de predicar el evangelio?

El hombre rengo vio una oportunidad de obtener aquello que pensaba que más necesitaba: dinero. Felizmente para él, los apóstoles estaban atentos a la oportunidad frente a ellos y así pudieron darle lo que de verdad más necesitaba: a Jesús. Fue amor por los perdidos lo que hizo que Pedro y Juan se detuvieran, no fue simple compasión por su discapacidad ni condición social.

La Biblia nos dice que todo el que honra a Dios será a su vez honrado por Dios (1 Samuel 2:30). Esto es más cierto que nunca cuando honramos a Dios en las «cosas pequeñas» de la vida. Al demostrar que somos dignos de confianza en lo secreto —en las áreas más insignificantes y menos visibles de la vida—, Dios nos confía cosas más importantes. Podría tratarse de una plataforma más grande, pero ¿por qué conformarnos solo con un público más numeroso? Mejor que un escenario más amplio es una mayor demostración del poder del Espíritu Santo en nuestra vida. La plenitud del Espíritu del Dios vivo está a tu disposición hoy mismo si te sometes al Señor, pero Él parece confiarlo en mayor medida y con más frecuencia a aquellos que sabe que lo usarán mejor para su servicio. Cualquiera en el ejército israelita podría haber derrotado a Goliat con la ayuda de Dios, pero fue David quien dio un paso al frente y demostró ser digno de confianza para esa tarea específica, y así quedó establecido el camino al trono.

Si quieren la aventura completa, sean fieles en las pequeñas cosas, en esas oportunidades cotidianas, y observen lo que Dios hace. Si les cuesta hallar motivación para aprovechar esas oportunidades, pídanle a Dios que los saque de su zona de confort y perseveren en la decisión de ser intencionales, incluso cuando no tengan ganas de hacerlo. Si se sienten culpables por perder oportunidades y piensan que están decepcionando a Dios, recuerden que Él no quiere que se sientan culpables por las oportunidades perdidas; desea que amen a los perdidos por amor a Él.

Ninguno de nosotros es perfecto. Los apóstoles cometieron errores al evangelizar y seguro perdieron oportunidades en el camino. Lo importante no es aferrarnos a un estándar imposible, que acumula la presión, sino sujetarnos al amor incomparable de Dios, que añade gracia sobre gracia. A partir de esta realidad crecemos y maduramos para volvernos más y más fieles a las oportunidades que Él nos pone por delante cada día.

Es conocido lo que dijo D. L. Moody: «Dios me ha dado un bote salvavidas y me dijo: “Moody, salva a todos los que puedas”». Tu capacidad para remar, para ver a los que se ahogan y sacarlos del agua se encuentra en tu amor por Dios y en su amor por el mundo.

A continuación hay tres sugerencias prácticas para ayudarnos a tomar más conciencia personal de las oportunidades cotidianas y ser fieles en ellas:

  1. UN DIARIO – Escribir un diario personal es de mucha utilidad. Pensando en el sentido de la oportunidad, anota algunos detalles sobre tu día. ¿Con quién pasas tiempo en el trabajo? ¿Te cruzas habitualmente con la misma persona sin hogar en tu ciudad? ¿Con quién hablas en la puerta del colegio? Registrar estos datos en tu diario mantendrá a estas personas activas en tu mente para que puedas mencionarlas en oración; también puedes utilizarlo para llevar un control de responsabilidad personal: ¿Estás siendo intencional al generar conversaciones de fe con esas personas a lo largo del tiempo? ¿Han sido conversaciones triviales durante semanas o has intentado profundizar? Si te parece factible, además podrías pedirles a tus compañeros de rendición de cuentas que lean tu diario y te hagan preguntas sobre estas áreas también.
  2. UN DESAFÍO – ¿Por qué no te propones desafíos personales si te cuesta aprovechar las oportunidades diarias? Por ejemplo, «esta semana quiero hablarle de Cristo al menos a un desconocido». El desafío puede ser tanto en sentido práctico (con hechos concretos) como en palabras (mediante la proclamación), y debería impulsarte a dar un paso más allá de tu actividad usual de evangelismo.
  3. UNA AVENTURA Cambia tu manera de pensar, del deber a la aventura. Tenemos una responsabilidad de evangelizar y queremos ser obedientes a lo que Dios nos pide que hagamos, pero sin amor no tiene sentido. Piensa en las oportunidades de la semana que tienes por delante, no como si fuera un deber gravoso, sino como el momento cumbre de una aventura. Muchas personas en la rutina laboral (incluso las que disfrutan de su trabajo) no ven la hora de que llegue el fin de semana. ¿Podríamos nosotros ser personas que no pueden esperar hasta la siguiente oportunidad de compartir a Jesús con la misma expectativa? Si lo logramos, empezaremos a abrazar la aventura con una mentalidad sana, de modo que, incluso cuando sea todo un reto, podamos desempolvarnos y volver a salir.

En palabras de Martín Lutero:

‘Si tiene fe, el creyente es incontenible. Se delata a sí mismo. Se expone. Confiesa y enseña este evangelio a sus prójimos a riesgo de la propia vida

DEBATE (20 minutos)

  1. ¿Alguna vez dejaron pasar una oportunidad evidente? ¿Qué aprendieron de la experiencia?
  2. ¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrentan al aprovechar cada oportunidad para predicar el evangelio?
  3. ¿Cómo generan intencionalmente oportunidades para hablar del evangelio que de otra manera no existirían?
  4. Conversen sobre las tres sugerencias de la parte de enseñanza (un diario, un desafío, una aventura). ¿Comprenden el valor de estas cosas? ¿Podrían implementarlas?

‘Este es el concepto principal: adapta tu perspectiva a la necesidad de las personas a quienes ministras. Debes llevarles el evangelio de tal modo y en tales circunstancias que logres por ello de su parte que te escuchen.

CATHERINE BOOTH

APLICACIÓN (5 minutos)

Este mes busquen intencionalmente aprovechar oportunidades que, por lo general, dejarían pasar o en las cuales suelen decidir no participar. ¿Hay algún viejo amigo al cual puedan contactar? ¿Podrían dedicar algo de tiempo extra para acercarse a hablar con una persona sin hogar? ¿Suelen recibir su café siempre del mismo camarero o barista y, de ser así, podrían dirigir la conversación hacia Jesús?

Es casi seguro que todos en el grupo podrán pensar en alguna oportunidad de su semana habitual en que podrían ser más intencionales respecto a hablar de Jesús. Comprométanse entre ustedes a aprovechar esa oportunidad y a rendirse cuentas el mes siguiente acerca de cómo les fue. Recuerden que no se trata solo de establecer metas y objetivos arbitrarios, sino de cambiar hábitos y patrones de conducta.

Lo que empieza como una práctica deliberada con el tiempo puede evolucionar a un comportamiento natural. Consideren empezar a escribir un diario personal.

ORACIÓN

Den gracias a Dios porque les genera oportunidades de proclamar el evangelio y compartir su fe con otros. Pídanle que provea algunas oportunidades específicas en situaciones donde hayan estado esperando un cambio radical, y también oportunidades generales día a día. Oren unos por otros para que puedan percibir las oportunidades que los rodean y sean fieles en cada una cuando surjan.

RENDICIÓN DE CUENTAS (15 minutos)

En grupos de tres, mencionen algunas oportunidades obvias que hayan pasado por alto. Hablen de la razón por que creen que sucede eso y traten de llegar a la raíz del asunto. Busquen perdón de Dios en lo que sea necesario y anímense unos a otros en formas concretas para avanzar hacia el objetivo de aprovechar estas oportunidades de ahora en adelante.

Contesten la hoja de preguntas para la rendición de cuentas, comenten de a pares o en grupos pequeños, y oren unos por otros.