Los cristianos más santos son los más humildes, ¿cómo sería, entonces, tener humildad en nuestro evangelismo?
LA SESIÓN EN POCAS PALABRAS
La humildad es una virtud primordial de todo embajador del reino de Dios: Jesús es nuestro ejemplo perfecto de humildad, y el Espíritu Santo dentro de nosotros la refina y la potencia para la gloria de nuestro Padre celestial.
TRASFONDO DE LA SESIÓN
Desde el momento en que el ángel Gabriel le dice a María que ella espera un bebé, surge la humildad, un tema central en la historia de Jesús. María adora a Dios y le da gracias por haberla considerado a ella, su sierva, en su humilde condición. En otras palabras, le expresa: «Soy una chica común y corriente… ¿por qué querría Dios usarme a mí?».
¿Alguna vez te preguntaste por qué Dios querría usarte?
A veces, nuestros dones y talentos pueden darnos una sensación de seguridad, y creemos que Dios elige usarnos por estas cosas. Dios nos llama por nuestro carácter, no por nuestro talento, y el carácter que más le agrada tiene como centro la humildad. María continúa su alabanza cantando sobre su Dios santo, que esparce a los orgullosos y levanta al humilde. Al ser una joven judía, su conocimiento del Antiguo Testamento le habrá dado todo lo necesario para hacer esta declaración sobre Dios con confianza. Ahora estaba viviendo esta realidad en carne propia. Dios siempre ha elegido utilizar al humilde para sus propósitos de las maneras más inesperadas, con lo cual desafía la sabiduría del mundo y revela su poder y su gracia a través de las personas más improbables. El primer paso para que Dios nos use en grandes cosas es darnos cuenta de nuestra absoluta dependencia de Él.
El nacimiento de Jesús no pudo haber ocurrido en circunstancias más humildes. El Rey de reyes nació en un modesto establo y lo colocaron en un pesebre… ¡el comedero de los animales! Las riquezas del nacimiento de un rey fueron reemplazadas por la pobreza del nacimiento de un don nadie. Nuestra reconciliación con el Creador de todas las cosas inició con una humildad abrumadora.
Dondequiera que miremos en la Escritura —ya sea en Isaías 53, donde oímos hablar sobre el siervo sufriente del Señor que sería traspasado por nuestras transgresiones; o en la declaración de Jesús sobre venir a servir en lugar de ser servido; o cuando lavó los pies de sus discípulos; o su entrega sumisa a la voluntad del Padre en el huerto de Getsemaní; o el dejarse golpear, burlar y crucificar, cuando con una sola palabra podría haber eliminado a cualquiera que le causara daño—, la Biblia presenta un retrato de un Rey siervo que vence la maldición del orgullo humano mediante el poder de la humildad santa.
Dios rescata a su pueblo de la misma manera que pretende que viva. El orgullo nos llevó a la destrucción, y la humildad nos traerá de regreso.
‘Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que, aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos.’
2 CORINTIOS 8:9
GUÍA DE LA SESIÓN
PARA REPASAR (10–20 minutos)
Dediquen un tiempo para ponerse al día unos con otros: compartan historias, palabras de ánimo, respuestas ante oportunidades y todo lo que sirva de aliento para el grupo. Si el grupo es pequeño, que cada integrante comparta una victoria y una lucha que haya tenido desde la última reunión. En el caso de grupos más numerosos, que sean cuatro o cinco personas quienes cuenten un testimonio personal que haya sucedido en el transcurso de la última reunión hasta este encuentro.
ORACIÓN
Encomienden este tiempo al Señor y oren por cualquier situación positiva o desafiante que se destaque en el tiempo de repaso.
ENSEÑANZA (25–35 minutos)
Utiliza el siguiente material didáctico como prefieras, ya sea leyéndolo textualmente o reelaborándolo para armar tu propia presentación.
‘No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y, al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!»
FILIPENSES 2:3–8
Parafraseando a C. S. Lewis: ‘Ser humilde no significa pensar menos de uno mismo, sino pensar menos en uno mismo.’
La Biblia no nos pide que nos desmerezcamos ni que tengamos una baja autoestima. Dios te valora y te ama, y te llama su hijo precioso. Pero hay una delgada línea: pensar demasiado de nosotros mismos nos pone en peligro de incurrir en la clase de orgullo que metió a la humanidad en el problema del pecado en primer término; pensar demasiado poco de uno mismo implica rechazar la identidad que Dios ha comprado para nosotros, mientras que pensar por demás en uno mismo es no reconocer la soberanía y el señorío de Dios.
El orgullo se asienta en el corazón de todo pecado. Proverbios declara: «Con el orgullo viene el oprobio; con la humildad, la sabiduría» (Proverbios 11:2). La literatura sapiencial de la Biblia afirma una y otra vez la virtud de la humildad en contraposición a la postura del orgullo y celebra las bendiciones que se obtienen de ella.
Vivimos en una época de autopromoción. ¿Se imaginan si David hubiera matado a Goliat hoy en día? ¡Sería difícil resistirse a la tentación de sacarse una selfi de la victoria, con la sangre fresca y la cabeza recién cortada! Sin duda, muchos de nosotros estaríamos encantados de que se escribieran canciones sobre nuestros logros, que se hicieran películas y se nos otorgaran títulos. Sin embargo, ni una sola vez en todos los salmos de David se menciona su victoria, un dato sobre el que hizo énfasis el gran evangelista D. L. Moody en un famoso sermón sobre la humildad. Hoy, ante el primer atisbo de grandeza, se nos anima a abanderarnos a nosotros mismos, a construir nuestro estatus y nuestra plataforma. Pero Dios no nos pide que construyamos un ministerio ni que nos elevemos a determinada posición. A Él le interesa mucho más nuestro carácter y cómo podríamos ser elevados para sus propósitos a través de la humildad (Lucas 14:11).
Jesús tomó el camino más bajo, la posición de un siervo. Él es el rey que vino a servir en lugar de ser servido (Marcos 10:45). Observen lo que dice Juan sobre Jesús justo antes de que lavara los pies de sus discípulos:
‘Sabía Jesús que el Padre había puesto todas las cosas bajo su dominio, y que había salido de Dios y a él volvía; así que se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura.’
JUAN 13:3–4
Sabiendo que todas las cosas estaban bajo su poder y conociendo la plenitud de su identidad, Jesús decidió ser siervo para demostrar la voluntad de su Padre. Tal vez hayan hecho algún estudio bíblico sobre este tema, donde les piden que, en efecto, se laven los pies unos a otros. Pero lavar los pies de alguien hoy en día no le hace justicia a todo el significado de lo que Jesús estaba mostrando a sus discípulos. A nosotros nos cuesta entender lo incómodo que debe haberles resultado que su rabí —su Mesías— asumiera este deber como muestra de su humildad y su corazón de siervo.
Piénsenlo de la siguiente manera: Oyes que llaman a la puerta y te encuentras al líder gobernante de la nación en el umbral de tu casa. Esta persona ingresa en tu domicilio, toma en brazos a tu bebé y procede a cambiarle el pañal, que está bien lleno. El hedor es espantoso, y observas con horror que los desechos de tu bebé entran en contacto con las respetadas manos. Sin embargo, al mandatario se lo ve completamente tranquilo ante la situación, incluso parece disfrutar del tiempo con el niño en medio de esta actividad desagradable pero necesaria.
No olviden que Jesús, mientras lavaba los pies de sus discípulos, sabía que Judas estaba a punto de traicionarlo. Sabía que Pedro lo negaría. Sabía que sus seguidores todavía eran hombres a menudo orgullosos y débiles pero, en su poder y majestad, se humilló ante ellos y así les dio el ejemplo para seguir. No solo tenían que lavarse los pies mutuamente, sino que debían volverse siervos humildes en todas las cosas.
Hay una conocida anécdota en la que Charles Spurgeon, al ver a uno de sus alumnos predicadores subir al púlpito con cierto exceso de arrogancia y luego bajar abatido por lo mal que le había salido el sermón, supuestamente comentó: ‘Si hubieras subido de la manera que bajaste, podrías haber bajado de la manera que subiste.’
No importa la grandeza de nuestro llamado, lo impresionante de nuestros dones, el alcance de nuestra oportunidad ni el renombre de nuestro ministerio, no tenemos el poder para salvar a nadie. La paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23), pero la paga de la humildad es la vida (Proverbios 22:4). Por medio del humilde siervo sufriente que ocupó nuestro lugar en la cruz, ahora podemos poner nuestra confianza en Él y tomar nuestra propia cruz al morir humildemente a nuestra pasada existencia egoísta. Podemos trasladarnos de muerte a vida. La humildad no es una mera virtud, es la única respuesta adecuada que podemos tener ante Jesús cuando reconocemos que es el Señor.
‘Porque el SEÑOR se complace en su pueblo; a los humildes concede el honor de la victoria’.
SALMOS 149:4
La humildad en el evangelismo no significa que consintamos a la gente, que suavicemos el evangelio ni que retrocedamos a la hora de comunicar la verdad cuando podría ofender a alguien. El evangelio suele ser un mensaje ofensivo para los corazones endurecidos. Del mismo modo, la valentía al evangelizar no significa que forcemos a las personas a aceptar el evangelio sin tener muy en cuenta cómo podríamos ayudarlas a entender en verdad la esperanza que portamos. La humildad en el evangelismo entraña al menos las siguientes cuatro acciones.
Para conversar: Dediquen algún tiempo a hablar de estas cuatro áreas de la humildad en el evangelismo. ¿Cómo podrían aplicar estos principios?
- SERVIR AL SEÑOR CON HUMILDAD – Nuestro principal deber y deseo tiene que ser servir a Dios, por más desafiante, incómodo o costoso que sea. ¿Estamos dispuestos a adoptar la naturaleza de siervo y ser obedientes a nuestro amo?
- VACIARSE HUMILDEMENTE – La humildad implica que nos vaciemos de nosotros para poder ser llenos del Espíritu Santo. Vaciarse es un acto humilde en sí mismo, pero cuando invitamos al Espíritu a establecerse en nuestra vida, pasamos de estar comprometidos con la humildad a recibir el poder para practicarla.
- ACEPTAR CON HUMILDAD SU PALABRA – Humíllate ante la Palabra de Dios. Aprende a leerla bien y a aceptarla en sus propios términos, sin forzarla a decir lo que tú quieres que diga o lo que se adapta a tus necesidades. Busca humildemente escuchar la verdad de Dios, por desafiante que sea para tus ideas preconcebidas o formadas por la cultura. Para descubrir la verdad de Dios y aplicar su sabiduría, hace falta humildad.
- SERVIR CON HUMILDAD A LOS PERDIDOS – La proclamación es fundamental, pero también debemos amar a todos aquellos a quienes les proclamamos el mensaje. Tenemos que servir a los necesitados. Cuando nos proponemos amar correctamente a las personas, debemos disponernos a escucharlas con atención. Si todo lo que siempre hacemos es hablarles, lo más probable es que pasemos por alto importantes puntos de contacto entre el evangelio y sus vidas, y minimicemos la posibilidad de una relación significativa con ellas.
Al honrar a Dios generando espacio para que su Espíritu trabaje en nosotros y edificando sobre la verdad de su Palabra, podemos ser siervos eficaces en el mundo: siervos que suplan necesidades concretas, siervos que sepan escuchar bien a las personas (una faceta masivamente subestimada del evangelismo) y siervos que proclamen fielmente la historia de Jesús. Si queremos ser fructíferos al hablar del evangelio, nuestra postura inicial tiene que ser de humildad ante el Señor. En su sermón sobre el tema, D. L. Moody lo expresó así:
‘En mi huerta, tengo un peral muy hermoso; parece ser uno de los árboles más bellos de mi casa. Cada rama parece extenderse hacia la luz y se mantiene erguida casi como una vela de cera, pero nunca me da ningún fruto. Tengo otro árbol que el año pasado estaba tan lleno de fruto que las ramas casi tocaban el suelo. Amigos míos, si tan solo nos inclinamos lo suficiente, Dios nos usará a cada uno para su gloria.’
DEBATE (15 minutos)
- ¿Hay áreas de tu vida en las que te cuesta ser humilde?
- ¿Existe un conflicto inherente entre comunicar el evangelio con valor y hacerlo con humildad?
- ¿Cómo podemos abordar con amor la falta de humildad o la presencia de falsa humildad en otras personas?
‘Estoy persuadido de que el amor y la humildad son los logros más altos en la escuela de Cristo y las evidencias más deslumbrantes de que Él es realmente nuestro Maestro.’
JOHN NEWTON
APLICACIÓN (5 minutos)
Cada uno piense seriamente cómo podría servir y bendecir a quienes le rodean de una manera inesperada y sacrificial. ¿Tu iglesia o ministerio emplea a alguien para la limpieza? Dile a esa persona que se tome el día libre para estar con su familia o ir a algún retiro espiritual, y realiza su tarea. Sé el primero en preparar té o café en la oficina cada día. Da una generosa propina después de ir a comer y escríbele una nota al mesero para expresarle el amor de Dios por él. Sé creativo y hazlo de manera intencional.
Por un lado, ninguna de estas iniciativas podría captar la totalidad del efecto que causó Jesús cuando lavó los pies de sus discípulos; por otro lado, tampoco tendrían que llamarse simplemente «actos espontáneos de bondad». Son acciones intencionales de personas consideradas, bondadosas y humildes que ven oportunidades a su alrededor para bendecir a otros en formas que señalan al siervo sufriente. No hacemos estas cosas para ganarnos el favor de Dios ni para lucir bien frente a los demás (a propósito, conviene pensar dos veces antes de vociferar lo que haces en las redes sociales). La verdad es que realizamos estas acciones porque son un medio para aprender a desarrollar la humildad y, a la vez, porque son un fruto natural de la humildad que Dios está cultivando en nosotros.
ORACIÓN
Den gracias por la humildad de Cristo y su ejemplo de corazón servicial. Pídanle a Dios que los ayude a verse como Él los ve, y que puedan crecer en humildad y sabiduría a diario.
Oren unos por otros, para que puedan ser valientes y humildes al proclamar el evangelio.
RENDICIÓN DE CUENTAS (15 minutos)
La propuesta es que todos los que luchan contra el orgullo lo reconozcan -lo cual es, sinceramente, algo muy difícil de admitir-. Oren juntos con ellos y por ellos, que Dios ayude a todo el grupo a crecer en humildad y a desarrollar corazón de siervos. Contesten la hoja de preguntas para la rendición de cuentas, comenten de a pares o en grupos pequeños, y oren unos por otros.


