UNO: ¡NO ERES UN ACCIDENTE!

Muchas personas van por la vida pensando que son producto de algún accidente cósmico, que existen porque el universo surgió de la nada, y así, de alguna manera, llegamos a este mundo unos cuantos millones de años después. Pero eso no tiene ningún sentido ¡ni ofrece una mínima esperanza de lo que puede significar la vida!

La Biblia muestra que Dios siempre existió y que creó el mundo con el deseo de compartir su amor con su creación: la humanidad. Así que no eres un accidente: fuiste creado por Dios, Él te ama y tu vida tiene propósito. Dios ha decidido que el universo es mejor contigo, ¡y por eso estás aquí!

DOS: NO ENTENDISTE LO MÁS IMPORTANTE…

El problema es que, cuando las personas no saben que Dios las creó y que Él las ama, ¡se pierden todo el sentido de la vida! Conocer a Dios es vivir la vida como fue diseñada para vivirse: en amistad con nuestro Creador, en estrecha relación con un Dios bondadoso, sabio, paciente, misericordioso, lleno de gracia y amor. La Biblia muestra que Dios es un Padre perfecto, que desea cosas buenas para sus hijos, ¡esos hijos somos tú y yo! Pero la Biblia también nos habla de que somos hijos rebeldes, que nos hemos alejado del amor de nuestro Padre.

No conocer a Dios es como correr por la cancha de fútbol en la final de la Copa del Mundo sin ningún interés por marcar tantos… nadie haría un gol y nadie podría ganar el trofeo: sería un sinsentido, solo gente corriendo dentro del campo de juego hasta que termina el partido.

TRES: ¡PUEDES TENER UNA VIDA PLENA!

La Biblia nos explica que cuando rechazamos la vida que Dios tiene para nosotros, suceden desgracias en este mundo, porque pensamos que sabemos cómo vivir nuestra existencia mejor que el Dios perfecto que nos creó. Pero lo cierto es que nuestra manera imperfecta de dirigir nuestros asuntos trae como resultado un mundo imperfecto. La Biblia llama a este proceder «pecado», que significa fallar al objetivo para el que fuimos creados. Otra forma de entender la idea del pecado es pensar en el egoísmo: elegimos nuestro camino en lugar del camino de Dios. Es como decir: «Mira Dios, soy mejor que tú; yo sé más que tú; no te necesito; puedo ser mi propio dios, superior a ti». Sólo tenemos que mirar las noticias para ver el mundo desordenado en el que vivimos: es el resultado de que el ser humano perdiera el rumbo al vivir para sí mismo o para cualquier otra cosa que ocupa el lugar de su amoroso Padre Dios, quien es la fuente de la vida. Todo el sufrimiento, la injusticia y el caos que vemos en el mundo existe porque pensamos que sabemos más que Dios: así lo hemos rechazado.

Este rechazo pone una barrera entre nosotros -personas imperfectas y rebeldes- y el Dios perfecto de toda la creación. Cuando rechazamos a Dios, nuestros actos tienen consecuencias. Si vas en contra de tus maestros y no cumples las reglas de la escuela, puedes recibir una sanción, la consecuencia negativa de tomar una decisión equivocada. Pero cuando vamos en contra de nuestro Creador Dios, las consecuencias no son un simple castigo para corregir nuestro comportamiento; estas consecuencias se transforman en la realidad natural que sigue a nuestras acciones. Al rechazar a Dios, rechazamos la vida y, ¿qué te queda si rechazas la vida? La muerte.

Pero Dios no quiere que mueras; te creó para que vivas con toda plenitud en relación con Él. La Biblia nos cuenta que Dios llevó a cabo un plan para arreglar el problema que provocamos: Él envió a este mundo a su Hijo Jesús -Jesús es Dios hecho hombre- para mostrarnos con su ejemplo cómo debíamos vivir la vida humana perfecta y para asumir las consecuencias de nuestro rechazo.

Jesús murió en una cruz para cargar con la muerte que todos nosotros elegimos cuando rechazamos a Dios; Él cargó sobre sí el peso de nuestra sanción eterna. Pero la noticia más sorprendente es que tres días después, ¡volvió a la vida!

La gente podría decir «¡Es una locura! ¿Cómo puede un hombre volver a la vida después de haber muerto?». Pero recuerda: Jesús es Dios y Dios es vida; ¡la muerte no puede retenerlo! La Biblia dice que, si le pides perdón a Dios por haberte alejado de su amor y confías en Jesús como tu Señor -eso significa vivir a las órdenes del Perfecto para quien fuimos creados en lugar de la imperfección y el caos de vivir para nosotros mismos-, podemos pasar de la muerte que habíamos elegido a la verdadera vida en relación con Jesús, a partir de hoy y eternamente en el Cielo, que es el Reino perfecto de Dios.

[Aquí se podría contar la historia del hijo pródigo para ilustrar todo lo dicho hasta ahora, sobre irse lejos de un padre amoroso, verse en desgracia, tomar la decisión de volver a casa y, al llegar, darse cuenta de que tiene una bienvenida mejor de la que esperaba. Somos recibidos de nuevo como hijos e hijas con todas las bendiciones y privilegios que ese vínculo conlleva].

CUATRO: ¿QUIÉN ESTÁ EN EL ASIENTO DE CONDUCCIÓN DE TU VIDA?

¿Tienes un sillón favorito en tu casa, el lugar en el que te molesta que otro se siente y tenga la mejor vista del televisor? En nuestra vida también hay un asiento preferencial, un trono desde el que gobernamos y dirigimos nuestra existencia. No queremos permitir que nadie más se siente en este trono para que reine sobre nuestra vida. Le decimos a Dios: «No puedes sentarte en el asiento del conductor de mi vida, ¡yo quiero tener el control!».

Pero Dios nos ama tanto que quiere que conozcamos la verdadera vida para la que nos ha creado, desea ayudarnos y guiarnos, quiere sentarse en el lugar que le corresponde: en el trono de nuestro corazón. Al poner a Dios en el sitio correcto, podemos sentirnos totalmente plenos en su amor, podemos vivir de verdad.

Muchos de nosotros estamos confundidos sobre lo que es la vida. Tal vez algunos luchan contra la depresión, las autolesiones, los trastornos alimentarios, o tratan de comprender su identidad. A algunos no les gusta lo que ven en el espejo. Otros están preocupados por el futuro, piensan que no lograrán nada significativo. Algunos se sienten profundamente infelices y tensionados. Otros se encuentran bastante bien con su vida y, sin embargo, aún les falta algo que no pueden descifrar.

[Aquí se podría utilizar un breve testimonio para conectar las ideas que se presentan con alguna experiencia real].

Dios tiene una respuesta a todas estas realidades, dice: «Te sientes así porque no estás verdaderamente vivo, estás viviendo la sombra de la vida, una mera existencia. Todos los que tienen aliento en sus pulmones existen, pero esa existencia solo llega a la muerte. Tú fuiste creado para la vida y esa vida la encuentras al poner tu confianza en mi Hijo Jesús y vivir para él».

No pierdas el sentido de la vida. Vuelve a Dios, pídele perdón por rechazarlo y Él te perdonará. Deposita tu confianza en Él como tu Señor, y te mostrará quién eres realmente. Te dará vida plena, verdadera vida, y nunca experimentarás la muerte. Cuando respires por última vez en este mundo, estarás más vivo que nunca, porque vivirás con Él eternamente. Sin duda, esta vida seguirá planteando desafíos, no es que todos tus problemas se resolverán al instante que sigas a Jesús -incluso podrían surgirte otros nuevos desafíos por el hecho de seguirlo-, pero Dios te auxiliará. Te dará su Espíritu Santo para ayudarte a vivir la vida que tiene para ti en este mundo complicado. Te guiará a su iglesia, que no es perfecta, pero es su familia en la tierra y está diseñada para ayudarte a conocerlo más, a seguir adelante aun cuando la vida se hace difícil, y a revelar su amor y su cuidado al mundo. Nunca volverás a ser igual.

No eres un accidente, eres amado incomparablemente por un Dios perfecto. Pero Dios no te obligará a confiar en Él. El verdadero amor es siempre una decisión personal. Tienes que elegirlo por ti mismo. Hoy puedes volver a Dios y conocer la verdadera vida en una relación con Él.

¿Qué vas a decidir?

PREGUNTAS:

  1. ¿Qué tiene de bueno esta presentación del evangelio?
  2. ¿Le falta algo?
  3. ¿Por qué se consideraría una «charla para jóvenes»?
  4. ¿Cómo adaptarías esta charla a otro público específico (por ejemplo, un encuentro de estudiantes, un grupo de madres con hijos pequeños, un almuerzo de líderes empresariales, una comunidad de jubilados)?